Estamos condenados a un PRESENTE que es ETERNO...

El único tiempo posible es AQUÍ y AHORA...
No hay otra oportunidad...
Hay que vivir intensamente porque no habrá un después.

viernes, 18 de junio de 2010

El despertar del Mutante.




Me iba bien con las hembras, tuve varias novias... practicar el sexo con ellas era una experiencia simpática, me ayudaron a entender cómo funcionaba esa dimensión del ser humano de sexo masculino. Reconosco que la primera vez que vi una vulva (así le llaman a los genitales femeninos) me impresionó, pues es muy diferente su aspecto a cualquier otra cosa imaginable; tenía yo 9 años y lo primero que dije es: ¡tiene labios jajajaja! y se abre!, a aprieta también, es como si tuviese vida propia!!... Obviamente mi amiga -de mi misma edad- que me la mostraba para que yo la explorara parece que esperaba otra cosa.

Fue a los 19 años... seguía yo deambulando por los humanos bulevares citadinos de Aguatemu, dividiendo mi tiempo entre mi mundito privado en casa, la Universidad en la que estudiaba Periodismo (en la cual era dirigente y me la jugaba por la lucha estudiantil), el diario Santa Perpespectiva al que había ingresado como alumno en práctica encargado de hacer notas de temas indeseados por los Periodistas de planta en la crónica. Y ya ni me acuerdo cómo ni cuándo comencé una especie de ritual: todos los días, al salir del diario, me reunía con mi novia y nos íbamos a un boliche a tomar una buena cerveza y conversar, allí nos quedábamos hasta que el local se transformaba ya entrada la noche en discoteque pues a ambos nos fascina bailar, retirándonos siempre a eso de las 2 de la madrugada. Íbamos a ese boliche lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado, los domingos no porque estaba cerrado.

Al poco tiempo de sostener ese ritual de relajo al final de la jornada, comencé a notar que el chico de la barra que preparaba los tragos me buscaba con la mirada y cuando sus ojos se encontraban con los míos algo nos perturbaba... 18 años, alto, 1.80 cms, cabello rizado oscuro y ojos verdes, claramente un mancebo bello y de gusto femenino, comenzó a abandonar la barra cuando nosotros llegábamos para dirigirse a nuestra mesa y atendernos con una sonrisa encantadora dibujada en su perfecto rostro de niño-hombre: Hola! Cómo estás?, me decía mirándome directamente a los ojos, yo esquivaba esa mirada preguntándole a mi novia si quería algo especial o lo mismo de siempre, y era ella misma la que respondía a la amable atención de ese muchacho, quien se encargaba de hacerme notar su preferencia sirviéndome siempre primero la cerveza.

Un día fui solo y me senté en el bar... me antendió como siempre muy amable y algo de satisfacción noté cuando le dije que no me acompañaba nadie. Conversamos por vez primera, nos reimos y hubo clara complicidad en muchos gestos. Esa noche fue el comienzo de todo, el despertar definitivo de mi naturaleza Mutante... al cabo de un rato me pasa una servilleta que me dice que guarde; la tomé, la abrí y había apuntado en ella su teléfono.

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